lunes, 11 de junio de 2007

Jinete de ballenas

Título original: Whale Rider (Nueva Zelanda, Alemania; 2002)
Directora: Niki Caro
Guionistas: Niki Caro, basada en la novela de Witi Ihimaera
Intérpretes: Keisha Castle-Hughes (Paikea), Rawiri Paratene (Koro), Cliff Curtis (Porourangi)



Jinete de ballenas es una pequeña película neozelandesa que, desgraciadamente, pasó sin pena ni gloria por las salas de cine. Su historia se centra en un pequeño pueblo maorí (los habitantes originarios de Nueva Zelanda) y en su lucha por mantener sus tradiciones y creencias en un mundo que se abre a la modernidad y la globalización.

Estamos en un pequeño poblado costero maorí. Según sus tradiciones, ellos son descendientes de Paikea, el Jinete de Ballenas que llevó su pueblo hasta esas costas. Y cada generación, un varón descendiente directo de Paikea debe suceder a su mayor como líder del pueblo. Pero un día, la continuidad de la línea se ve amenazada: el hijo mayor del jefe, Porourangi, a punto de ser padre de mellizos, pierde a su esposa a su hijo varón en el parto. Destrozado, Porourangi se va de la isla a recorrer el mundo, dejando a su única hija, Paikea, al cuidado de sus abuelos.

Cuando Paikea alcanza los doce años empieza a despertar en ella el deseo de enfrentar el entrenamiento y las pruebas que la convertirían en líder del pueblo. Sin embargo, Koro (el abuelo), apegado a las tradiciones que exigen la masculinidad del jefe, se muestra cada vez más frío con su nieta y empieza a hacerla sentir culpable de la ruptura de la línea. La película nos hablará de la lucha entre la niña (quien pide cariño con desesperación) y el abuelo (incapaz de demostrar afecto) y las hazañas que deberá realizar Paikea para demostrar su valor, como mujer y como descendiente del primer Jinete.

Quizás uno de los mayores logros de la directora haya sido el ser capaz de transmitir esa sensación de tristeza y soledad en que vive la pequeña Paikea (maravillosa interpretación de la novata Keisha Castle-Hughes). La mayor parte del reparto son actores primerizos, y sin embargo se consigue crear una atmósfera creíble y fascinarnos con el pueblo maorí y su extraño, y al mismo tiempo tan familiar estilo de vida. Todo pintado con una sensibilidad y un amor por el mar que sólo una mujer descendiente maorí podría entregar.

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