miércoles, 6 de junio de 2007

Kurosawa para principiantes

Akira Kurosawa es sin duda uno de los directores más importantes de la historia del cine. Su obra no sólo guarda un carácter universal, una riqueza estética y emocional que sobrepasa la prueba del tiempo, sino que además ha influido en gran parte de las posteriores generaciones de cineastas… sobre todo en occidente. Nombres como Francis Ford Coppola, George Lucas o Steven Spielberg reconocen abiertamente la deuda que tienen con el maestro japonés.

El cineasta japonés nació en Tokyo, en 1910. Descendiente directo de una familia de samurais (lo que explica su fascinación por este tema), Kurosawa estudió arte y llegó a ser un reconocido pintor. Años después, se aburrió de su autoexigencia en la pintura y sintió curiosidad por el cine. En 1936 consiguió entrar a trabajar como ayudante de director para Kajiro Yamamoto, y empezó a escribir guiones. Fue en plena Guerra Mundial, en 1943, cuando rodó su primer filme: Sugata Sanshiro (La leyenda del Gran Judo). Luego empezó con una ola de trabajos, algunos exitosos, otros no. Pero su carrera daría un salto cuando una de sus obras más grandes, Rashomon, llegara al Festival de Venecia (sin que el director lo supiera) y ganara el León de Oro. Rashomon también ganaría en 1951 el Óscar a la Mejor Película Extranjera, hito que llevaría a Kurosawa a convertirse en el realizador japonés que más ha influido el cine occidental.

Lo curioso es que en su tierra, Kurosawa despertaba sólo aplausos fríos. Fue acusado de reaccionario, sentimentalista y “poco japonés”, tanto por sus temas como por su forma de hacer cine, más cercana a occidente. El mero hecho de que Kurosawa adaptara obras clásicas de la literatura occidental (Dostoievski y Shakespeare entre otros) y mezclara la música de ambas culturas (basta recordar esa adaptación de el "Bolero" de Ravel presente en Rashomon) para que sus obras fuesen consideradas una aberración. Al otro lado del mundo la percepción era radicalmente distinta: Kurosawa era visto como el cineasta que acercó la cultura nipona a occidente.

Al éxito de Rashomon le siguen Vivir (1952), considerada la mejor película del autor, Los siete samurais (1954) y Trono de sangre (1957), inspirada en el Mac Beth de Shakespeare. Su filmografía es muchísimo más amplia, por supuesto, pero resulta impensable transcribirla en su totalidad.

Tras sufrir varias decepciones profesionales en Hollywood y perder el financiamiento para muchos proyectos, Kurosawa pasó por una grave crisis emocional: en 1971, intentó suicidarse cortándose las venas de las muñecas y el cuello. Pero luego del inesperado éxito de Dersu Uzala (1975), que se llevó otro Óscar a la Mejor Película extranjera, Kurosawa empieza a recobrarse. El cineasta sigue filmando gracias a la ayuda financiera de Ford Coppola y Lucas. Así ven la luz obras como Kagemusha (1980, ganadora en Cannes), Ran (1985) y Sueños (1990).

Kurosawa falleció en septiembre de 1998, a los 88 años. Centenares de admiradores se agolparon en las lluviosas calles de Tokyo para rendirle tributo. Pero se trataba de un homenaje póstumo para un compatriota al que nunca entendieron.

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