martes, 5 de junio de 2007

Esplendor americano (American Splendor)

Título original: American Splendor (Estados Unidos; 2003)
Directores: Shari Springer Berman, Robert Pulcini
Guionistas: Shari Springer Berman, Robert Pulcini, basado en los cómics de Harvey Pekar
Intérpretes: Paul Giamatti (Harvey Pekar), Hope Davis (Joyce Brabner), Harvey Pekar (él mismo)

Escuchar el título del filme Esplendor americano evoca demasiadas ideas patrioteras como para poder creer que realmente habla del “esplendor” del imperio. Los más suspicaces captan de inmediato que se trata de la ironía de un desencantado, alguien que está lejos del prototipo caucásico, buena pinta, atlético, y si no adinerado, al menos sin graves problemas de dinero que nos vende la publicidad, los programas de TV, las películas y los cómics de superhéroes (algo así como un Clark Kent, un Capitán América o un Harrison Ford). Pues para poder criticar el sistema se necesita estar en esa tenue frontera que divide los “exitosos” de los marginados. O más bien entre los engatusados y los resentidos.

Pues bien, Harvey Pekar, tanto el personaje real como el de ficción ha vivido siempre en ese límite. Y la película de Shari Springer Berman y Robert Pulcini sobre la vida de Pekar nos otorga una mirada fresca y distinta del extraño mundo norteamericano. Esplendor americano (basada en los cómics del mismo nombre) fija su atención en aquellos hombres y mujeres que por su ocupación, carácter y aspecto pasan completamente desapercibidos. Personajes en el límite del autismo, demasiado introvertidos y solitarios para ser considerados “normales”, pero demasiado inofensivos y no lo suficientemente locos para convertirse en casos clínicos. En Estados Unidos se acuñó un término para designar a estos personajes: freak, que viene a significar algo así como “bizarro”, alguien más cercano a lo alienígena que a lo terrestre.

Esplendor americano habla de ese submundo de los freaks: los fanáticos de los cómics, los rayados con los discos de vinilo, los coleccionistas de cualquier cosa. Esos ñoños tan extraños que nunca tuvieron una relación sentimental o forjaron una familia… y cuando la tienen fracasa estrepitosamente. Harvey Pekar es uno de ellos, una de esas personas con una vida y un trabajo tan aburridos que ni su esposa lo pudo soportar. Demasiado inseguro de sí mismo para pensar en tener hijos (eso sin contar con que se hizo la vasectomía) y sin ningún otro talento que la capacidad de burlarse de su propia vida, Pekar sólo teme irse de este mundo sin dejar más legado que su nombre en la carpeta de decesos del hospital donde trabaja como archivista.

Hasta que un día, impulsado por su propio pesimismo, decide ponerse a escribir los guiones de un cómic sobre su propia y patética vida. Sus pequeñas batallas cotidianas con la mala suerte, sus reflexiones sobre cómo escoger la caja en el supermercado, conversaciones sobre la trascendencia de la película
La venganza de los nerds… En fin, nada de superhéroes pintosos contra monstruos del espacio, ni historias cebolleras sobre personajes que superan la pobreza y la miseria para salir adelante y convertirse en íconos del sueño americano. Un amigo suyo que ya trabajaba en Nueva York ilustrando cómics le ayuda con los dibujos y los contactos y al poco tiempo Pekar se convierte en un pequeño personaje de culto, un hombre que consiguió trascender convirtiéndose a sí mismo en héroe de cómics.

El filme, que hace a la vez de ficción y de documental (mostrando varias veces al verdadero Pekar que habla de sí mismo, de la película que se está viendo e incluso del actor que lo interpreta) es conducido por los distintos niveles de realidad que existen en la historia. Es decir, habla de la vida de Pekar, de la vida que recrea en sus cómics y de la vida que se recrea en la película, haciendo explícito al espectador que todo eso no es más que un espectáculo, una dramatización inspirada en hechos verídicos, pero manipuladas y editadas para encajar tanto en el séptimo como en el noveno arte.

Lo que convierte a Pekar en un personaje admirable es que no cae en el juego del exitismo. No se cree vedette, no tiene muchos autos ni departamento en las dos costas de Estados Unidos. De hecho, Pekar trabajó como archivista hasta que se jubiló, y aunque actualmente no tiene problemas de dinero, no anda demostrándolo. Se trata de un personaje que consigue mantener su equilibrio gracias a su pesimismo y su capacidad de autocrítica. E insiste hasta el final que aunque le ha ido bien, nadie crea que la suya es una historia feliz, porque la vida es cruel y, como reza la ley de Murphy, si algo puede fallar, fallará. Pero lo que le queda al espectador es más bien otra sensación: la vida es demasiado absurda como para tomársela en serio. La publicidad es una mala broma. El cine, una ficción de lo más mona. La moral, una buena excusa para tener una doble vida. Finalmente, lo único que queda es el ser humano al desnudo: la criatura más patética e inútil de todo el reino animal. Y debiéramos estar orgullosos de eso.

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