jueves, 21 de junio de 2012

OVNIs, FAAs y CACAs

Esta entrada es una traducción del artículo “UFOs, UAPs and CRAPs” de Michael Shermer, publicado el 28 de marzo del 2011 en Scientific American y disponible en este sitio web. Salvo por mi pequeña aclaración final, todos los créditos son del autor.

Una mañana, hace varios años, un objeto triangular pasó volando sobre mi casa en los montes San Gabriel, California del Sur. Casi no hacía ruido, hacía giros rápidos y aceleraba en forma brusca, y casi no reflejaba la luz, lo que lo hacía parecer un agujero en el cielo, casi como un objeto de otro mundo. Era, de hecho, un bombardero Stealth B-2, haciendo cabriolas en el aire para hacer una nueva pasada en la Pasadena Rose Parade del primero de enero, una tradición anual. Pero si no hubiese sabido lo que era y si lo hubiese visto por primera vez, digamos, en el desierto al atardecer, no habría sido raro pensar que era un OVNI.

Por décadas, los objetos voladores triangulares han sido etiquetados como OVNIs. Ahora que una cohorte de militares, observadores políticos y de la aviación quieren cambiar la sigla a algo menos peyorativo —Fenómeno Aéreo Anómalo (FAA), o Unidentified Aerial Phenomena (UAP) en inglés— para que sus esfuerzos sean tomados más en serio, la periodista de investigación estadounidense Leslie Kean recogió los testimonios de militares y funcionarios públicos en su libro UFOs: Generals, Pilots, and Government Officials Go on the Record [N. de la T.: OVNIs: generales, pilotos y funcionarios de gobierno hablan al descubierto]. Kean le pide a los lectores que consideren que los avistamientos representan un “fenómeno sólido y físico que parece estar bajo control inteligente y que es capaz de alcanzar una velocidad, maniobrabilidad y luminosidad muy por encima de la tecnología de punta conocida”. También dice que “el gobierno ignora en forma rutinaria los OVNIs y que, cuando es presionado, entrega explicaciones falsas” y que la “hipótesis de que los OVNIs son de origen extraterrestre o interdimensional es racional y debería ser tomada en cuenta”.

¿De cuánta información disponemos? ¿Puede esta información ayudarnos a distinguir entre FAAs y lo que yo llamo Conjeturas Alienígenas Completamente Absurdas (CACAs) [N. de la T.: Completely Ridiculous Alien Piffle (CRAP) en inglés], como los círculos en las cosechas, mutilación de ganado, abducciones y sondas anales, e híbridos humano-alienígena? De acuerdo a Kean, “aproximadamente el 90 o 95% de los avistamientos de OVNIs pueden ser explicados” como “globos meteorológicos, destellos de satélites o estrellas, aviones volando en formación, aviones militares secretos, pájaros reflejando el sol, aviones reflejando el sol, dirigibles, helicópteros, Venus o Marte, meteoros o meteoritos, basura espacial, satélites, parhelios, rayos globulares, cristales de hielo, luz reflejada por las nubes, luces en el suelo o luces reflejadas en la cabina de vuelo” y mucho más. Entonces, toda la hipótesis extraterrestre está basada en la información residual después de haber agotado la lista antes citada. ¿Qué queda? No mucho.

Por ejemplo, Kean abre su investigación “sobre terreno muy sólido, con la crónica de primera mano de un Mayor General de uno de los casos OVNIs más vívido y mejor documentado” —la ola de OVNIs belgas en 1989-1990—. El Mayor General Wilfried de Brouwer recuerda la primera noche de avistamientos: “Cientos de personas vieron una majestuosa nave triangular con una envergadura aproximada de 120 pies [N. de la T.: aprox. 36 m] que irradiaba poderosos haces de luz y se movía lentamente sin hacer ningún ruido significativo pero, en varias ocasiones, aceleraba a velocidades muy altas”. Avistamientos aparentemente inexplicables como el de De Brouwer, sin embargo, podrían haber sido pruebas de modelos experimentales de bombarderos Stealth (estadounidenses, soviéticos o de otra nacionalidad) que las agencias militares entendiblemente no querían revelar.

Resulta interesante comparar la narrativa de De Brouwer con el resumen de Kean del mismo incidente: “El sentido común nos dice que si algún gobierno hubiese desarrollado una gigantesca nave que puede mantenerse suspendida en el aire a unos pocos cientos de pies [N. de la T.: un centenar de metros] de altura y luego acelerar bruscamente en un parpadeo —sin hacer ningún ruido—, esta tecnología habría revolucionado los viajes aéreos y la guerra moderna, y probablemente también la física”. Nótese cómo una nave de 120 pies [36 metros] de pronto se vuelve “gigantesca”, cómo “se movía lentamente” cambió a “mantenerse suspendida en el aire”, cómo “sin hacer ningún ruido significativo” se transformó en “sin hacer ningún ruido” y cómo “aceleraba a velocidades muy altas” se convirtió en “acelerar bruscamente en un parpadeo”. Esta transformación del lenguaje es muy común en narraciones de avistamientos de OVNIs, lo que hace difícil que los científicos den explicaciones naturales.

En todos los campos de la ciencia hay anomalías que no pueden ser explicadas por las teorías dominantes. Eso no significa que la teoría científica sea errada o que las teorías alternativas sean correctas. Simplemente significa que se necesita investigar más para que esas anomalías puedan ser incorporadas al paradigma aceptado. Mientras tanto, está bien vivir con la incertidumbre de que no todo tiene una explicación.

Una aclaración personal: a veces ocurre que las anomalías no pueden ser explicadas por las teorías dominantes y no pueden ser integradas al paradigma sin importar cuánto se investiguen. En esos casos, pueden surgir nuevas teorías y paradigmas que, luego de un largo tiempo de discusión, corrección y debate en la comunidad científica, generan nuevas teorías aceptadas o nuevos paradigmas para la ciencia.

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