sábado, 11 de octubre de 2008

Gringos en la niebla

(Aviso de inmediato: no tengo interés en hacer crítica de la película, sólo jugosear con algunos temas tangenciales a la misma. Quienes se interesen por saber más de la peli, mejor lean la excelente crítica que escribió Hermes para la Zona de Contacto).

Uno de los trucos más efectivos para jugar con el terror es apelar a fenómenos que despiertan nuestros miedos más primitivos: la oscuridad, las ruinas, los laberintos, los ruidos inexplicables y, por supuesto, la niebla. El ardid consiste en aprovecharse del espacio en
off (es decir, de todo lo que ocurre fuera de nuestra limitada percepción) para sembrar la semilla de la incertidumbre y el peligro acechante.

La niebla, basada en una novela de (era que no) Stephen King, lleva esta idea al extremo de la paranoia y la locura: los personajes no sólo están aterrados por los monstruos pesadillescos que se esconden en esa bruma blanca y pastosa, sino que además utilizan el fanatismo religioso para canalizar sus instintos más bestiales y convertirse en un peligro para sí mismos.

Si lo pensamos con seriedad, lo más terrorífico del colapso de la civilización no sería la misma desaparición del mundo que conocemos, sino la reacción de nuestros congéneres. ¿Como reaccionaría una masa enloquecida por la propagación de una plaga de zombis, un virus letal, una niebla asesina o el desplome de la bolsa?

En un momento de la película, el protagonista dice que la nuestra es una sociedad civilizada... mientras las máquinas funcionen y podamos llamar al 911. Pero no hay forma de saber cómo nos comportaríamos si todo eso se fuera al carajo. Lo único que sé es que cuando eso ocurra, quiero estar en un lugar con poca gente, mucha comida y ojalá con una buena pistola en el bolsillo. Y no precisamente para matar monstruos de otra dimensión.

Mientras veía La niebla pensaba en Bowling for Columbine de Michael Moore, específicamente en la caricatura que contaba la historia de Estados Unidos: cómo los norteamericanos no son más que un puñado de paranoicos que le teme a los negros, a los latinos, a las abejas, al anthrax, a los árabes, al comunismo, a los chinos, a los extraterrestres, a los meteoritos, a los terremotos y a su propio vecino (nótese que existen numerosas películas gringas que abordan cada uno de estos temas). El ver gringos encerrados en un supermercado, asustados por lo que ocurre fuera, convencidos de que están rodeados de monstruos que los quieren devorar no podría ser una alegoría más evidente de la Gringolandia de Bush.

Pero tampoco me interesa pelar tanto a los yanquis. Después de todo, igual hacen películas que valen la pena y tienen buenos guionistas de cómics y series de TV. Claro que el 98% restante, que se reparte entre milicos, políticos, pueblerinos de gatillo fácil, ignorantes titulados, protestantes y fanáticos del Antiguo Testamento son realmente detestables. Bien harían quedándose encerrados en un supermercado y sacrificándose entre ellos para evitar que el comunismo les quite su preciado derecho a elegir entre morir de diabetes (por comer basura), intoxicados (por usar químicos peligrosos en los desechos que incineran) o de un balazo (por su inalienable derecho a que cualquier loco tenga pistola).

8 comentarios:

Myriam dijo...

En todo caso, al final yo no sabía a quén tenerla más miedo: si a los tentaculitos, las arañas y el resto de la fauna fea-gigante-come-hombres de la dimensión desconocida, o la Sra. Carmody con su intercesión más diabólica que divina y su fanatismo sangriento (seca la actriz, en todo caso).

Yo hubiera propuesto sacrificarla a ella, porque el dios del Antiguo Testamento, Yahvé, el dios de los judíos pedía que el animal a sacrificar tenía que ser puro, limpio de pecado, lo más cercano a la perfección... pero a ninguno se le ocurrió. Yanquis ignorantes! =P

Saludos mi dios! ;)

MelyPaz dijo...

Yo también estaba entre temerle a la sra. Carmody o a las arañas, jaja. Pero igual da miedo ponerse en el lugar y pensar fríamente "matémosla, total".

El final de la película me pareció maestro. Y el del libro también. Aunque, cuando veo películas de catástrofes, lo mejor es una 100%, sin posibilidad de supervivencia, muajaja.

Salud!

Anónimo dijo...

He leido muchas veces la idea de "mostros gringos en las peliculas" como un equivalente de "tenemos miedo al terrorismo". (Con La Niebla y Cloverfield). Y me parece una tontera.

PD: el mejor final que he visto en años. Si no fuera tan rudo, habria llorado.

Jorge Román dijo...

Boo: ¿por qué te parece una tontera relacionar monstruos con el miedo al terrorismo?

Myriam dijo...

Yo creo que los monstruos son representanciones de nuestros miedos más profundos.

Siempre está en juego la sobrevivencia (individual o como raza), pero no sólo física, sino también 'espiritual'. Un monstruo como Frankenstein no sólo plantea un peligro físico, sino la duda de si somos capaces de crear vida de la nada, entonces ¿dónde está Dios?

Finalmente, el monstruo siempre será una amenaza a lo que somos y a lo que hemos formado como sociedad y como raza. El monstruo nos enfrenta a todo lo primitivo que vive en el ser humano, a sus deseos y motivaciones más salvajes... y autodestructivas.

No hay que olvidar que casi todos los monstruos son creados o traídos a este mundo por los propios humanos.. quizás sea el miedo a nuestra propia monstruosidad lo que les insufle vida. ¿Qué son los monstruos mas que lo peor de nosotros mismos?

Myriam dijo...

(sorry por el comentario tan largo =P)

Y el final se lo debemos al gran Frank Darabont. Según me sopló dios al oído, la novela de Stephen King terminaba en que se quedaban sin gasolina y tenían sólo 4 balas... el resto es mérito del director que lo solucionó de excelente forma (hasta Stephen lo felicitó =P)

Esop. Ya no jodo más =P
Saludos! n_n

Jorge Román dijo...

Usted no jode: su comentario me hizo pensar mejor en la naturaleza de los monstruos.

Es cierto: los monstruos son representaciones de nuestros miedos. También es cierto que el "terrorismo" como lo entienden los gringos se parece a un monstruo, porque el "terrorismo" es invisible, indefinido, de origen desconocido y motivaciones inimaginables... como las de un monstruo.

En cierto sentido, Boo tiene razón: no es una alegoría del terrorismo, sino una alegoría del miedo permanente en el que viven los gringos. El miedo a que su mundo se desmorone, porque están rodeados de países y culturas que ellos no entienden, que tienen motivaciones para ellos incomprensibles y que además les detestan porque siendo apenas un 2% de la población mundial consumen casi la mitad de los recursos del mundo.

Eso.

Myriam dijo...

Y... si jodo, viteh?

=P