lunes, 29 de septiembre de 2008

Oldboy o la pérdida de la sutileza

Por razones curriculares, el otro día se me ocurrió que una buena película para mostrarle a mis alumnos de Tercero Medio era Oldboy, una película coreana que dejó alucinando a Quentin Tarantino.

Razones sobran: una historia de venganza sanguinaria, un misterio al parecer sin sentido, y un final de antología que ha dejado turuleco a más de un espectador occidental.


El protagonista es Oh Dae-su, un hombre común y, al parecer, sin nada extraordinario en su pasado. Sin embargo, y sin que sepamos por qué, alguien lo encierra en una habitación, perdiendo todo contacto humano durante 15 años. Su único contacto con el mundo es la televisión. Por supuesto, cuando finalmente sale de su extraña prisión, empieza a dejar un reguero de sangre buscando una respuesta a su encierro.
Hasta aquí, todo parece una mezcla entre Kafka, Kill Bill y el flaquito perezoso de Se7en. Pero el asunto es bastante menos romántico. De hecho, a medida que la película avanza nos empezamos a dar cuenta de que la historia es mucho más trágica y truculenta... Pero mejor no les adelanto nada bajo pena de echarles a perder la película.

Bueno, como buenos adolescentes de colegio, los cabros chicos de mis alumnos todavía no han captado el rollo dramático detrás de la película y simplemente se ríen cuando aparece en pantalla "el chino medio bruto que agarra a la gente a martillazos". Se carcajean nerviosos cuando ven la escena de sexo y se tapan los ojos cuando a alguien le sacan los dientes con el mismo martillo. Y se ríen también cuando el coreano se ríe, aunque su risa en realidad denota el más descarnado de los patetismos.
"Ríe, y el mundo reirá contigo; llora, y llorarás solo".

Este parece ser el lema de nuestro bestial y poco astuto Oh Dae-su, quien se deja guiar por las pistas de su antagonista como un caballo siguiendo una zanahoria en una caña de pescar. La verdad es que sus esfuerzos son tan torpes, sus deducciones tan obvias y sus decisiones tan poco acertadas, que a nosotros, espectadores, no nos queda más que lamentar la patética suerte de alguien que está demasiado enrabiado para pensar un poco antes de actuar.

El personaje nos genera simpatía porque, a fin de cuentas, parece ser un juguete del destino (o, en este caso, de un antagonista muchísimo más astuto y paciente que él) y nos sentimos muy identificados con su rabia ciega y su trágica historia. Pero claro, estas sutilezas son difíciles de captar para un adolescente que sólo piensa en reggaetón, minas y el Yingo (que es una mezcla de las dos anteriores). Para ellos, todos los asiáticos son chinos, toda la violencia se parece a Dragonball Z, las películas tienen que verse habladas en inglés y si un personaje se ríe, entonces uno como espectador también debe reírse.

*Sigh*
La tele, a fin de cuentas, como dicen González Requena y Bourdieu, es la que crea el mundo que consideramos real. No es que nos idiotice, como decía mi abuelita, sino que nos limita nuestra visión de mundo y nos enseña a entender sólo las cosas más obvias, que nos enseñan con imágenes, manzanitas y voz en off (todo junto). Algo así como un documental de Sergio Nuño, pero aplicado a todo tema imaginable: desde las injusticias sociales hasta cómo se hacen los implantes mamarios. Y todo esto debe acompañarse con la banda sonora adecuada: si va a presentar una escena de violencia callejera estudiantil, debe usar heavy-metal; si va a presentar gags tipo slapstick, debe usar la música de Benny Hill; si va a contar un chiste, deben haber risas en off o en cámara (si no, la gente no sabe que hay que reírse); si va a mostrar una escena trágica, debe escucharse el soundtrack de la Teletón de fondo.

Y así sucesivamente.

Por eso no resulta raro que Oh Dae-su, luego de 15 años comunicándose sólo con la tele, se comporte como un bruto carente de la más mínima sutileza. Por eso no me extraña que mis alumnos sean incapaces de distinguir entre una risa patética y una risa cómica, o que no puedan entender que una escena ultra-violenta pueda ir acompañada de simple silencio o de una pieza de Vivaldi.

No es que la tele nos haga idiotas, es que nos quita la habilidad distinguir la ironía, el doble sentido y la ambigüedad. Al menos las que no nos explica Sergio Lagos.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Chinos voladores

Últimamente me he dedicado a ver películas de artes marciales de Hong Kong. Aún no he visto muchas, apenas unas cuatro. Pero con apenas dos de ellas ya había captado los clichés del género y comprendí finalmente la razón por la cual son adictivas. Creo que el todo puede resumirse con la muy poco conocida pero genial Savior of the Soul (Gau yat: San diu hap lui en cantonés), dirigida por David Lai y el maestro Corey Yuen, protagonizada por el actor y cantante Andy Lau y escrita por -afírmense al asiento- Wong Kar Wai. Sip, el maestro del lloriqueo contenido.

Echémosle la culpa a mi reciente adquisición de un juego de rol de artes marciales basado en las películas de acción hongkonesas. Lo cierto es que me he dedicado a "conseguirme" (léase como una bonita forma de decir "bajar ilegalmente") películas de kung fu. Desde Jackie Chan hasta Jet Li, pasando por Corey Yuen y muchos otros. Y de pronto llegué a ver la ya mencionada Savior of the Soul.

No les voy a dar mucho la lata con el argumento: Ching, un asesino a sueldo (Andy Lau), está enamorado de su compañera May (Anita Mui), pero es incapaz de decírselo (¿no les suena a Con ánimo de amar?). A causa de una venganza, un amigo de ambos es asesinado por un tipo-seco-maestro-kung-fu-con-poderes-sobrenaturales y May, quien es la próxima víctima, decide desaparecer de escena para no arriesgar la vida de Ching, a quien ama en secreto. Por supuesto, él se queda obsesionado con ella y con Silver Fox (el asesino volador bacán) y se dedica a buscarlos para cobrar venganza y poder vivir finalmente en paz.

Hasta ahí nada nuevo bajo el sol. Lo interesante son los subargumentos, los personajes secundarios y, por supuesto, las escenas de pelea. Tenemos a nuestro protagonista, que pelea con una espada de acero flexible, a May, que lanza cuchillos perseguidores, a Silver Fox, que usa una poción que le permite robar las almas, muchos saltos acrobáticos y otros. Pero lo más memorable es quizás el personaje de Wai, la niña adolescente que se convierte en compañera de Ching y que se enamora de él. Muy a pesar de ella, porque Ching sólo tiene ojos para su desaparecida May. Pero la pequeña Wai es tan tierna y se empeña tanto en captar la atención de su galán, que uno no puede menos que enternecerse con ella.

La película consigue saltar sin sobresaltos de la comedia romántica al drama, de la película de acción a una historia de amor adolescente. Sus personajes, aunque arquetípicos y simples son tan sinceros y carismáticos que uno se enamora de ellos. E incluso el villano sobrenatural de turno llega a ser objeto de risa en la batalla final.

Parece insólito que con poco presupuesto, actores que en realidad son cantantes de pop cantonés y un argumento que ningún productor de Hollywood habría aprobado, se cree una película tan entretenida y a la vez tan extraña. Pero la verdad es que eso es más una constante entre las películas hongkonesas que una excepción. En ellas, los héroes siempre tienen un gancho melodramático que les da profundidad, son maestros del kung fu, son malos y pegan fuerte, pero todos, incluso los malosos, tienen su corazoncito roto y buscan venganza, con medios más o menos crueles.

Es difícil describir el porqué estas películas encantan. Pero hay algo, quizás en la sinceridad de los realizadores, quizás en la elegancia de las coreografías de pelea que hace el conjunto delicado y estéticamente admirable. O quizás sea la culpa del cantonés, que suena tan musical para nuestros tarrientos oídos occidentales.

Creo que, finalmente, se trata simplemente de que estos chinos-británicos demuestran que para hacer cine no se necesita estar engrupido con la idea de ser un "autor", sino que conocen bien los gustos de su público y tratan de satisfacerlo combinando todo lo que les agrada. A eso se le suma la creatividad y el ingenio que debe poner todo cineasta cuando no tiene presupuesto para contratar a la "Light & Magic".
Para concluir, si les tincó la película, la pueden bajar sin costo de un sitio maravilloso llamado ZinemaHK. El único problema es que los subtítulos están en inglés.